El FMI: el verdugo de los Derechos Humanos; por Gabriela Jiménez

Es simple, la canasta básica se dispara en precios

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En esta semana el Ecuador similar que Argentina en meses atrás, aplicó las políticas del FMI. Esto inserta una excesiva regresión en Derechos Humanos a nivel nacional, dirigidos a los siguientes ejes de vulnerabilidad niñas, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, género, tercera edad, discapacidad, pueblos y nacionalidades del Ecuador.

Nuestra realidad en estos días es que miles de estudiantes se levantaron a nivel nacional. Desde diferentes niveles como educación básica y de tercer nivel que comprenden la situación económica del país. Personas del sector popular amas de casa, ancianos, adolescentes, padres de familia, trabajadoras y trabajadores de todas las provincias del Ecuador, movimientos indígenas de diferentes nacionalidades y transportistas de diferentes sectores se unieron y están manifestando su descontento.

Diferentes estudios científicos en temas de las Ciencias Sociales basadas en argumentos de desarrollo y desigualdad han mencionado en repetidas ocasiones lo que significa aplicar dichas medidas en países en vías de desarrollo. En la actualidad los países de América Latina sometiéndose a dichas políticas vulneran los Derechos Humanos. Es simple la canasta básica se dispara en precios. El transporte público como medio masivo de conexión e intercambio de diferentes productos de necesidad básica se ve afectado. Quienes más sufren son las clases bajas y medias. Se incentiva a la propagación de pobreza extrema que lleva a círculos de pobreza y violencia, entendiendo además que la pobreza es una forma de violencia social.

Explicándolo un poco: la falta de recursos en diferentes ámbitos crea no solo un desajuste económico, en la precariedad de la situación muchos se limitan a la hora de comprar comida, ropa, pagos de servicios básicos como agua, electricidad, que son un derecho para cualquier ser humano. La educación se ve afectada, ya que tanto docentes como padres de familia no tendrán la capacidad de mantenerse con la caída de sueldos por el encarecimiento de transporte y alimentos. Todo empieza a subir mientras que el salario va decayendo.

La vida encarece y entrega un escenario sin oportunidades. Los pobres no tienen capacidad de superarse, ya que el Estado está condicionando que tipo de actividades no deben hacer las clases bajas, como el acceso a la educación y la salud de calidad. Esto no es libertad y limita a la competencia basada en méritos, incluso limita a la competencia de mercado.

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El Estado mediante la fuerza pública: policías y militares adoctrinados confunden sumisión con proteger a la Patria. Hacen caso a cualquier tipo de gobierno, así sea servil y con interés en el capital monetario y no el capital social y humano. Sin entender que dichos soldados de igual modo tendrán una caída sustancial en su poder adquisitivo similar al resto de la gente. El precio de la vida de estos se encarece sin condiciones óptimas de desarrollo humano. La fuerza coercitiva solo impone ideas de mando totalitaristas sin dedicarse a la oportuna reflexión.

La resistencia es el pensamiento, es la racionalidad, es la evolución de la humanidad. El pensamiento es nuestra única arma a partir del ideal que nos permite luchar por nuestros derechos como humanidad y no solo como SUJETO (persona sujetada al Estado) de mercado, sin ser lo que un día fuimos, en el momento en que nacimos un SER HUMANO, más que un simple sujeto.

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