Libres y desiguales; por Elías Tovar

Es la libertad lo que favorece el progreso y la vida humana como la conocemos

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Siempre se nos ha dicho que todos hemos nacido libres e iguales… con esa aseveración hay que tener cuidado porque, sí, todos nacemos con la capacidad de elegir entre una opción y otra, es decir, somos libres, pero… ¡Vaya tontería la segunda parte!, la naturaleza de los seres humanos es plural, diversa, desigual. Y no hay nada malo en ello.

Hablemos de la relación entre libertad y desigualdad un momento. Es la libertad lo que favorece el progreso y la vida humana como la conocemos. Y esa capacidad, a través de la cual las personas puedan escoger cosas diferentes, de acuerdo a sus propios gustos, derivará eventualmente, en la desigualdad. Que a alguien le gusten los autos y decida dedicarse a diseñarlos nos permite escoger entre una amplia gama de opciones, el que se ajuste más a nuestro preferencia (y chequera, claro); y si lo que le gusta es repararlos, nos permite escoger entre una diversidad de mecánicos; y si alguien se dedica a la música, tendremos como entretenemos; o si le gusta cortar cabello, tendremos estilitas. Todos diferentes entre sí, desiguales, pero necesarios para la vida humana y nuestra satisfacción.

La desigualdad, sin embargo, a veces es tenida como problemática cuando se analiza en términos de ingreso económico, especialmente en sociedades con ricos muy ricos y pobres demasiado pobres. Hay que aclararle la vista a quienes así observan esto: El problema, por un lado, no será que hay ricos porque hay otros pobres, sino que partirá de analizar si el sistema y sus instituciones mantienen o no condiciones favorables para el desarrollo de la prosperidad -para la cual la libertad es una necesidad. Y por otra parte, el problema entonces no será de desigualdad sino de grados de libertad y de calidad institucional en la sociedad estudiada. Además, la forma más fácil de reducir la desigualdad económica es empobreciéndonos a todos (los políticos socialistas son campeones en eso).

Entendiendo esto, nuestra tarea no deberá ser minimizar la desigualdad, sino favorecer la prosperidad estableciendo un marco institucional que respete la libertad humana y no lo coarte en su proceso de toma de decisiones (procurando con ello, que los éxitos y fracasos sean de responsabilidad individual y no de un tercero). Por último, la única igualdad que deberemos defender es la igualdad de derechos ante la ley, que es la que nos garantiza nuestro estatus como ciudadanos y el reconocimiento a la libertad bajo la figura del Estado.

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