Chernobyl: Lecciones sobre el totalitarismo; Por Luis Alberto Salazar

Son muchos los detalles en los que se aprecia un di√°logo totalitario

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Hoy finaliza una serie que, con razones de sobra, conquist√≥ un lugar importante en la opini√≥n p√ļblica: Chernobyl. Y ¬ŅC√≥mo no? Si refleja claramente no solo un incidente hist√≥rico de proporciones catastr√≥ficas, sino toda una copia del mismo gui√≥n del sistema totalitario que hemos visto en varios puntos de la historia. Por eso, vale la pena sentarse a analizar la historia presentada. Como ejemplo, tomemos el primer episodio para hacer s√≠miles. Vemos al inicio el accidente en la planta nuclear Vlad√≠mir Ilich Lenin (26 de abril de 1986), desde ya, estamos entrando en materia. Observamos el caos en que se convierte el centro de operaciones de la misma, y, por consiguiente, una lucha de dominio. Los empleados saben la verdad: el n√ļcleo ha hecho explosi√≥n y dos empleados perdieron la vida al instante, la contaminaci√≥n, consecuencia de la misma, ser√° algo en extremo da√Īino para los habitantes, la flora, y la desprotegida fauna. Sin embargo, vemos como el jefe adjunto de la central, de apellido Diatlov, empieza a ejercer el aparato dominante de un sistema totalitario: el miedo y la negaci√≥n. Pues √©l tambi√©n cumple √≥rdenes de quienes, desde m√°s arriba, buscan negar los hechos, y eludir su responsabilidad, pues es un costo pol√≠tico que no quieren asumir para su proceso, pero si son capaces de asumir un costo humano muy elevado para sus prop√≥sitos.

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Son muchos los detalles en los que se aprecia un di√°logo totalitario. Diatlov y sus afirmaciones sobre la necesidad de enfriar un n√ļcleo que √©l sab√≠a que ya no exist√≠a, la centralizaci√≥n del √ļnico medidor capaz de precisar la cantidad de radiaci√≥n, el cual result√≥ no estar en funcionamiento cuando lo tuvieron al alcance, la desinformaci√≥n a los cuerpos de bomberos (ocasionando su muerte por la falta de preparaci√≥n para el evento), el dominio sobre la opini√≥n p√ļblica, la desestimaci√≥n de los hechos a trav√©s de la amenaza, el tiempo tardado en evacuar la ciudad, solo para evitar asumir responsabilidades, toda la presi√≥n ejercida s√≥lo por un factor: Los camaradas, pues todo esto se realiza, exclusivamente, en favor de mantener la buena imagen del proceso pol√≠tico de la URSS.

Y es que si, el totalitarismo se basa en algo muy simple para su implementaci√≥n: su narrativa, pasando luego a la intimidaci√≥n y la fuerza. Una lucha del bien contra el mal en la que, si eres camarada, eres de la √ļnica parte buena de la historia (seg√ļn su pensar), y si no, eres traidor, un indeseable, quitando todo tipo de raz√≥n l√≥gica, m√°s all√° que el se√Īalamiento a doctrinas contrarias. Y, no olvidemos, la plenipotencia depositada en el Estado, s√≥lo quienes lo ejercen tienen la raz√≥n, la fe en el Estado los salva a todos. Es ese el momento en el que, los gobernados, empiezan a perder el raciocinio, excusan al Estado a pesar de su responsabilidad en los hechos, entregan su vida entera al dominio del aparato estatal, y por supuesto, ah√≠ es cuando empiezan a perder sus libertades individuales (incluso la de pensamiento cr√≠tico). Ejemplos de esto en el mundo tenemos bastantes: La URSS, Korea del Norte, Cuba, Venezuela, por mencionar los m√°s conocidos.

Chernobyl, muy lograda miniserie, llega para recordarnos las sombras que se tendieron sobre el siglo XX, que a√ļn en nuestros d√≠as siguen aquejando la din√°mica pol√≠tica y social en varios pa√≠ses del mundo. El totalitarismo y sus peligros, as√≠ como sus consecuencias, se lucen en esta escena con todo su esplendor. Aprendamos de estos errores, y practiquemos cada d√≠a m√°s nuestro quehacer democr√°tico. Nuestro pilar debe ser la ciudadan√≠a, el ejercicio correcto de nuestros derechos y deberes, pues, de lo contrario, estaremos viendo desastres cada vez m√°s inhumanos en los tiempos de la Declaraci√≥n Universal de los Derechos Humanos. No hagamos referencias a tendencias pol√≠ticas, pues ambos extremos de la cuerda tienen su lado oscuro. Nunca dejemos de pensar con criterio, y, por sobre todo, nunca dejemos de hacer lo que sabemos que es correcto.

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